MANTENER EL AMOR DURANTE TODA UNA VIDA

Desde el momento en que una pareja decide formalizar una relación y casarse, hay que tener en cuenta de que es para toda la vida. Durante ese largo camino, suceden hechos importantes, como el nacimiento y la crianza de los hijos. Pero siempre hay que recordar las promesas que se hicieron en el matrimonio y mantener esa instancia de los dos, separando lo que es la familia de la pareja.

“Los declaro marido y mujer, hasta que la muerte los separe”. Esas son las palabras que sellan toda relación y le entregan un importante toque de perpetuidad. A veces, cuando se es joven, es difícil imaginar lo que pasará dentro de 50 años. Para muchos es un camino emocionante, pero para otros pueden surgir grandes interrogantes como por ejemplo ¿cómo mantendremos el amor durante tantos años? o ¿quién me asegura que a los 80 años seguiremos amándonos como hoy?

Esas preguntas no tienen respuestas concretas y nadie puede asegurar que esa relación va a durar toda la vida. Pero lo importante es recordar la razón que los unió en primera instancia y trabajar todos los días del matrimonio por mantener vivo ese amor.

Para Osvaldo Aravena, psicólogo y terapeuta de parejas, este es un tema recurrente en sus consultas. “A los matrimonios jóvenes siempre les recomiendo que durante toda su vida sean capaces de mantener esos espacios de pareja, de intimidad entre los dos. Finalmente eso va a determinar su modo de ser matrimonio en la tercera edad”.

Cuando los hijos llegan

Una de las mayores alegrías en un matrimonio es la llegada de los hijos. Sin duda ellos refuerzan a la familia que se está recién formando y es un gran hito en la vida de los padres, ya que cambia totalmente la estructura que se tenía anteriormente. Pero la constante demanda que exigen puede ser una amenaza para la pareja que está partiendo.

Para el terapeuta, los hijos son una gran apuesta, pero hay que apostar también por el matrimonio ya que los hijos están un tiempo y luego se van a formar su propia familia. “En ese sentido, la mejor apuesta es la pareja y cómo soy capaz de crear una cultura de a dos, de establecer una complicidad y mantener los espacios básicos. Eso influenciará directamente en cómo voy a vivenciar mi existir junto a mi pareja en la adultez mayor”.

Asimismo, agregó que muchas parejas se pierden en el proceso de ser padres, dejan de tomar en cuenta las necesidades de su señora o marido, sobreponiendo los requerimientos de sus hijos por sobre todo. A pesar de que eso es lógico por la demanda biológica que ejercen los niños, es fundamental recordar que al final de todo, ellos fueron quienes crearon esa familia y deben mantenerse unidos hasta el final.

El nido queda vacío

Así como los hijos llegan, también se van. Ese es un proceso totalmente natural, pero para muchos, especialmente para las mujeres, es difícil de asumir.

El síndrome del nido vacío instala una nueva crisis en la pareja ya que se ven en el imperativo de mirarse cuando no hay un tercero alrededor y de crear un nuevo ordenamiento en el hogar, en donde se reparten de otra manera los papeles tanto funcionales como emocionales.

“Cuando uno se casa, hay que construir un nosotros. Cuando nace un hijo, es una oportunidad para ponerse en otros roles. Entonces la partida de un hijo es una pérdida hasta cierto punto. Hay que verlo como una oportunidad para retomar la vida como pareja y volver a disfrutar esa instancia de intimidad”, hizo ver.

Hay que aprender a separar el mundo de los hijos con el de la pareja. Son dos espacios distintos, aunque con intersecciones constantes. Al tomar conciencia de ello, es menos amenazante su partida ya que el padre o la madre no sentirán que se está yendo una parte de sus vidas.

Además, destacó que separación no es lo mismo que abandono. Si es que no se distinguen ambos términos, la partida de los hijos se vivirá como un duelo, en cambio si es que entienden que no los están dejando para siempre, sino que están creando su propia vida, la separación será más fácil.

La pareja en la madurez

El cómo llega un matrimonio a la tercera edad, tiene mucho que ver de cómo se creo la relación desde un principio, el grado de intimidad logrado, de complicidad y de expresiones afectivas. Sin embargo, esta relación va a estar determinada también por las condiciones físicas con las cuales lleguen a este período de la vida. Su salud determinará cómo viven lo cotidiano y lo emotivo.

Pero para mantener el amor, hay que entender que las variaciones son naturales y hay que aprender a aceptarlas. “El primer contacto tiene que ver con la intensidad, pero obviamente después se tiene un amor maduro y diferenciado. Hay que aprender a asumir que probablemente siempre existirán cosas con las que no voy a estar de acuerdo con mi pareja, pero eso no pone en juego mi afecto hacia el otro, si no por el contrario, se dejará de discutir por cosas banales”, añadió.

También agregó que lo fundamental para mantenerse unidos tanto tiempo es la aceptación, que tiene que ver en cómo se valida al otro. “Hay cosas que yo postergo para estar con mi pareja, desde tiempo hasta lo más valioso que tenga. Si yo postergo todo, me trasformo en un apéndice del otro y pierdo mi identidad personal. Si no se posterga nada significa que no me vinculo y que sólo establezco relaciones funcionales con los demás. Hay que moverse dinámicamente entre ambos lados”.

Vivir el amor para siempre

Durante la tercera edad, es fundamental que la pareja encuentre espacios para estar juntos. Para eso sólo se necesita tiempo, poder tomarse un café, ir a caminar al parque o integrarse en las actividades que ofrecen las municipalidades o los distintos centros de extensión.

Según el especialista, se recomienda que siempre estén realizando actividades para mantenerse insertos en el mundo. Además es fundamental mantener el diálogo. “Es importante mantener un estilo conversador, aunque sea de cosas banales, porque lo verdaderamente importante sale solo. También es importante tomarse los espacios de pareja. En la medida en que se logra, se crea el hábito de estar juntos y de conversar”.

Pero no hay que olvidar que también es necesario tomarse espacios para uno mismo. Todos evolucionamos individualmente, el tema de pareja es la co-evolución, es decir cómo juntos vamos construyendo un nosotros. “Si es que tengo que escribir mi historia personal, habrá capítulos de mi señora y de mis hijos, pero será mi historia particular, porque yo estoy inserto en el mundo y no soy un apéndice de alguien”, hizo ver.

Asimismo, la pareja debe mantener una relación con los demás, aunque siempre dentro de los límites que ellos quieran imponerse. “Uno no debe obligarse a salir con el resto, pero si debe mantenerse en el mundo, inserto en la sociedad. Dejar de trabajar no significa que ya no sirvo”.

La sexualidad en la tercera edad

Según el psicólogo Osvaldo Aravena, la imagen de la abuelita de la Caperucita Roja como una mujer asexuada no existe en la realidad, pues los adultos mayores todavía pueden vivir su sexualidad.

Sin embargo, es distinta a la que se vive cuando se es más joven. Durante la madurez, la sexualidad está conectada con la afectividad. La frecuencia, obviamente no es la misma, pero los intereses, sentimientos y afinidades se fortalecen y se establecen relaciones de mayor calidad.

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